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¡¡¡¡¡ PARECE UN SUEÑO ¡¡¡¡¡¡

Publicado el Domingo 3 de junio de 2007 en la edición impresa del diario LA NACION, sección de Economía

El modelo nos devuelve al pasado

Por Roberto Cachanosky
Para LA NACION

Miércoles a las 20. Voy con mi auto por la Avenida del Libertador en Vicente López en dirección a la Capital Federal y en una estación de servicio que está a cien metros de la General Paz se ve una cola de autos de una cuadra para cargar GNC.

Miércoles a la medianoche. Paso por el mismo lugar en sentido a la provincia y sobre la mano derecha veo una cola de una cuadra de autos que esperan para cargar GNC y a mano izquierda, en la estación de servicio que está en diagonal a la otra, una cuadra de autos que esperan para cargar GNC.

Al pasar la segunda vez por el mismo lugar y ver la escena, solita vino a mi mente la época de Alfonsín, en la que había que hacer cola para cargar combustible. ¿Fue un pensamiento exagerado?

La realidad es que cuando uno mira los problemas que surgen en los últimos meses, observa que todos son emergentes de una política económica que claramente muestra signos de agotamiento por sus inconsistencias, a pesar de que algún funcionario público se esfuerce por definir todos estos problemas como tensiones del crecimiento. Tener tres grados bajo cero un día y entrar en crisis energética no es una tensión del crecimiento. Es la resultante de la ausencia de políticas públicas de largo plazo que permitieran prever los problemas, particularmente cuando desde varios sectores se advirtió sobre la crisis. Es más, cuando otro funcionario público dice que el problema energético fue manejado sin sobresaltos, tampoco quiere reconocer la realidad. Y la realidad es que cortarles la energía a las empresas, dejar sin GNC a las estaciones de servicio y suspender los envíos a Chile no es una solución, es una política típica de la filosofía del tratar de zafar de la situación. Aquí no se ha producido ninguna catástrofe natural que destruyera gasoductos y redes de alta tensión generando una situación imprevisible. Lo que ha ocurrido es que se han venido aplicando medidas que intentaron disfrazar la realidad para mostrar una Argentina irreal. Y los costos están a la vista.

Pero repasemos algunos problemas de hoy para mostrar la ausencia de previsión en las políticas aplicadas y el agotamiento del modelo en marcha. Tenemos un problema inflacionario agudo, el transporte público está colapsado, los aviones vuelan sin radares, un día de frío y se paraliza la actividad industrial, y tenemos problemas de combustibles.

Sobre el tema inflacionario he insistido hasta el cansancio en que tiene que ver con la fuerte emisión monetaria que hace el BCRA para sostener el tipo de cambio en $ 3,10 por dólar. Y esa paridad cambiaria es necesaria para poder aplicar los derechos de exportación, que son los que le generan la caja al Gobierno. En definitiva, el agudo proceso inflacionario que estamos viviendo tiene que ver con un modelo económico que privilegia las necesidades políticas del Gobierno por sobre el crecimiento de largo plazo.

El costo que paga la sociedad por sostener el eufemismo de tipo de cambio competitivo es la caída del salario real por efecto de la inflación, caída que generó, entre otras cosas, el fuerte conflicto social de Santa Cruz. Los manejos del secretario Moreno en el sistema de precios y la intervención del Indec son claras muestras del agotamiento de la política monetaria para sostener la paridad cambiaria.

Veamos ahora el tema de los servicios públicos, es decir, trenes colapsados, energía en crisis, falta de radares, etc. Todos estos problemas también tienen que ver con el modelo. La decisión fue no ajustar las tarifas del transporte, gas, electricidad y demás servicios para que los aumentos no pegaran en el Indice de Precios al Consumidor.

Esta política es la misma que se aplicó durante décadas cuando las empresas de servicios públicos estaban en manos del Estado, es decir, cuando nadie estaba a cargo. En esos años, cuando los balances de las empresas estatales brillaban por su ausencia, el gobierno mantenía, por razones políticas, artificialmente bajas por un tiempo las tarifas de los servicios públicos. Los quebrantos de las empresas públicas eran cubiertos con financiamiento del tesoro, que les giraba dinero a dichas empresas para pagar los sueldos y mantenerlas funcionando en forma precaria. Basta recordar lo que costaba conseguir un teléfono en esos años para advertir la ausencia de inversiones. El sistema funcionaba, entonces, con tarifas artificialmente bajas y consumiendo el stock de capital existente. Por eso las rutas se hallaban destruidas, el parque energético estaba agotado, el puerto de Buenos Aires había sido declarado puerto sucio por su ineficiencia y lograr la reparación de una línea telefónica llevaba meses o años. No había ni siquiera mantenimiento del stock de capital ya invertido. Por esa razón, cada tanto, explotaba el sistema de precios y vivíamos tarifazos, devaluaciones compensadas, ajustes de salarios, controles de precios, etc.

La filosofía imperante en los últimos cuatro años se ha basado en el mismo esquema de los 70 o los 80. Fijar tarifas artificialmente bajas y dejar que se consuma el stock de capital. Paralelamente, en algunos casos se otorgaron subsidios para que algunas empresas pudieran seguir operando (caso ferrocarriles y colectivos), cubriendo sus costos operativos, pero de inversiones ni se habla.

Argumento de barricada

A tal punto ha llegado esta filosofía que el argumento preferido del Gobierno es: como las privatizadas ganaron mucho en los 90 ahora tienen que poner el hombro y trabajar a pérdida. Este argumento, de fuerte contenido político de barricada y escaso realismo económico, no advierte que el inversor nunca invierte por lo que ganó en el pasado, sino por lo que espera ganar en el futuro. Es fácil imaginar la cara de los accionistas de esas empresas ante la propuesta de su CEO diciéndoles: "¡Inviertan en la Argentina para perder porque antes ganaron mucho!" Eso no existe en el mundo real. Mucho se le ha criticado a De la Rúa su falta de acción, justificando su caída. No nos confundamos. Formular denuncias desde el atril, lanzar diatribas a diestra y siniestra o inventar enemigos no es ser ejecutivo. Hacer barullo no es sinónimo de ejecutividad y menos de eficiencia.

¿Qué es lo que estamos viendo, entonces? Un modelo que tiende a agotarse porque se va acabando el stock de capital que se había acumulado y que se decidió consumir para financiar las tarifas artificialmente baratas.

El modelo económico empieza a agotarse porque se terminan sus dos mecanismos de financiamiento: a) el impuesto inflacionario está llegando a claros límites de tolerancia por parte de la sociedad y b) el stock de capital se está agotando para poder mantener una oferta de servicios públicos de mínima calidad.

Así como en otros momentos los modelos se agotaban porque se acababa el financiamiento interno o externo, ahora lo que se acaba son los dos mecanismos de financiamiento mencionados: consumo de capital e impuesto inflacionario.

El autor es economista

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