| |
Vida y obra del Dr. Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Abordar la vida y obra del Dr. Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano no es una tarea fácil y menos para exponer en un tiempo limitado.
La historiografía lo ha hecho trascender principalmente como político, militar, abogado, ideólogo de la Revolución de Mayo y soldado de la Independencia, pero aquí quiero referirme a dos facetas poco abordadas de uno de los más preclaros hombres de nuestro país.
Una es la de BELGRANO ECONOMISTA y la otra, BELGRANO PEDAGOGO,
Nacido en el seno de una familia acomodada económicamente, luego de cursar sus estudios en el Real Colegio de San Carlos, hoy Colegio Nacional de Buenos Aires, siguió en España la carrera de leyes, primero en Salamanca y luego en Madrid y Valladolid, donde se graduó de Abogado.
En España se interesó de modo especial en la economía política. Presidió la Academia de Práctica Forense y Economía Política de Salamanca.
En 1796 se publicó en Buenos Aires el tratado “Principios de la Ciencia Económico Política”, traducido del francés en la Península Ibérica.
La lectura de los clásicos como Adam Smith, Jovellanos, Campomanes, entre otros, marcaron en él las ideas de libre comercio.
El 14 de abril de 1810, el Correo de Comercio” de Buenos Aires publicaba lo siguiente:
“Nada más importante que tener un conocimiento exacto de la riqueza y fuerza de los Estados; este es el objeto de la ciencia Estadística, y su fin para proceder con acierto en todas las disposiciones que se dirijan al orden económico a efecto de fomentar la Agricultura, animar la Industria y proteger el Comercio, como que son los arcos torales de la felicidad pública. Esos datos son necesarios, son útiles, y en vano es creer que sin ellos se puedan tratar con acierto, según que lo desean nuestros jefes, las materias interesantes a la causa común del Estado; sin conocimientos de la fortuna pública, de las necesidades y recursos de estas Provincias, no es posible que se dicten las providencias más convenientes a la felicidad general”.
A raíz de su brillante carrera, con apenas veinticuatro años, el ministro español Gardoqui, por expreso pedido del rey, lo nombra como secretario perpetuo del Consulado que se abriría en Buenos Aires, con la obligación de escribir anualmente las MEMORIAS del mismo.
Antes de detenerme en la actividad de Belgrano en el Consulado, veamos que eran esas instituciones que existían tanto en la península ibérica como en América.
Las burguesías mercantiles europeas buscaron el favor de las coronas para asegurarse el dominio del tráfico de ultramar, lo cual se acentuó a partir del siglo XV cuando lograron un fuero especial con la creación de los “Consulados de Comerciantes Matriculados”. Los
primeros que surgieron en estas tierras americanas fueron en México en 1594 y Lima en 1618.
Con los Borbones, hacia fines del siglo XVIII, surgen los consulados modernos en todos los puertos y ciudades importantes para el comercio, los que a su vez consolidaron el sistema colonial hispanoamericano.
Los Consulados eran tribunales especiales que garantizaban la salida rápida de las causas comerciales y el fomento de actividades como agricultura, navegación, enseñanza técnica y comercio, los caminos, las manufacturas, entre otras.
En América surgieron así los Consulados de Caracas y Guatemala en 1793, Buenos Aires y La Habana en 1794, Cartagena de Indias, Veracruz, Guadalajara y Santiago de Chile en 1796.
EL CONSULADO DE BUENOS AIRES
Hacia 1785 los comerciantes de Buenos Aires comienzan a gestionar un consulado propio, a los efectos de no depender más del de Lima, y con la idea de contar con un tribunal corporativo, al estilo de los viejos consulados, pero el proyecto no prosperó.
Hacia fines del siglo XVIII, el rey por Real Cédula del 30 de enero de 1790 crea el Consulado de Buenos Aires, sin tener en cuenta las sugerencias que llegaban desde el Río de la Plata y se basa para su redacción en la Cédula de Caracas, pero en este se agrega otra actividad que en el artículo XXIII establece: “Construir buenos caminos y establecer rancherías en los despoblados…limpiar y mantener limpio el puerto de Montevideo, y construir en sitio proporcionado un muelle o desembarcadero en Buenos Aires, donde puedan hacerse las cargas y descargas sin riesgo de averías ni fraudes”
En el Consulado de Buenos Aires se debatió y planificó todo lo relacionado con la política económica virreinal. Aquí se iniciaron los proyectos educativos relacionados con la producción.
Este Consulado tenía jurisdicción sobre todo el territorio del Virreinato del Río de la Plata.
Sus funcionarios electivos eran elegidos de la matrícula de exportadores e importadores ultramarinos vinculados con el Perú. Pertenecían a un reducido grupo de comerciantes, integrantes de poderosos clanes familiares, una especie de elite cuyo objetivo era la defensa de sus privilegios.
El mismo Belgrano, hace referencia a los miembros del Consulado en los siguientes términos: “No puedo decir bastante mi sorpresa cuando conocí a los hombres nombrados por el rey para la junta que había de tratar de agricultura, de industria y comercio, y propender a la felicidad de las provincias que componían el virreinato de Buenos Aires: todos eran comerciantes españoles, y exceptuando uno que otro, nada sabían, más que de su comercio monopolista, á saber, comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad” (B.Mitre. Historia de Belgrano – Tomo 1 – Cap. II)
EL SECRETARIO
Con fecha 17 de octubre de 1793, Belgrano envía una nota al rey solicitando la asesoría del Consulado. En la misma hacía referencia a los servicios prestados en la hacienda de su padre e invocando “…diez años de mérito personal adquirido en la carrera literaria, a que se agrega tener varios hermanos empleados en vuestro Servicio Real”.
El 6 de diciembre de 1793, por Real Orden el rey designa a Belgrano como secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, en formación.
Antes de esta designación, el virrey Arredondo, junto con los comerciantes de Buenos Aires habían propuesto para este cargo a Pablo Berutti, pero el ex virrey Marqués de Loreto aconsejaba al rey que la designación recayera en “alguien de conocida instrucción y probidad”.
El Consulado de Buenos Aires celebró su primera sesión el 2 de junio de 1794 “bajo la protección del Poder Divino por la intercesión de la Virgen María en su Purísima Concepción, patrona de España y de Indias, para que inspirase a su insuficiencia”, como lo refiere Mitre en su Historia de Belgrano. Desde ese año y hasta un tiempo antes de la Revolución de Mayo, Belgrano ocupó el cargo de Secretario.
En el aspecto económico merecen citarse dos períodos de intenso trabajo. El primero entre 1796 y 1799 cuando se intentó encontrar soluciones a la quiebra del comercio atlántico con España, como consecuencia de las guerras navales.
El segundo período va entre 1800 y 1805 cuando debió ocuparse de la defensa de la economía local, la construcción del muelle porteño, la circulación interna de mercaderías, entre otros, todo lo cual apuntaba y fortalecía la conciencia de los problemas propios y ante la falta de respuestas de España desembocaría más tarde en el proceso revolucionario.
Belgrano contó durante gran parte de su gestión con el respaldo de hombres provenientes de la segunda generación de inmigrantes, entre ellos los comerciantes catalanes, Domingo Matheu y Juan Larrea, con quienes compartiría la Junta Revolucionaria de 1810.
Belgrano, al frente del Consulado, mantuvo siempre una fluida correspondencia con los diputados de los distintos destinos solicitándoles información precisa de las características geográficas y de las producciones locales.
Insistió en la construcción de nuevos caminos como los de Catamarca y Córdoba; Tucumán y Santiago del Estero; San Luis y Mendoza e incluso busca franquear las comunicaciones entre Buenos Aires y Chile, incluyendo el Perú por Atacama. Asimismo proyectó un medio de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico por Patagones, algo que no se pudo concretar. El objetivo de crear esta vía era, según lo establece Mitre en su obra sobre el prócer, “adelantar los conocimientos geográficos, continuando el reconocimiento del Río Negro hasta sus nacientes, desde el punto adonde había llegado el piloto don Basilio Villarino; formar, según las indicaciones de Viedma, un establecimiento fortificado en la isla de Choele-Choel, cortando de este modo la línea del comercio de ganados robados, que entonces se hacía entre pampas y araucanos, y al mismo tiempo, rehabilitar el antiguo camino de ruedas que creían transitable en todo tiempo, sin necesidad de atravesar las cordilleras”
Busca el asesoramiento de estudiosos, organiza viajes de reconocimiento del territorio y levanta planos topográficos.
Se interesa por la situación de los indígenas que vivían fuera de la frontera con el español. En Belgrano es constante su interés por un mejoramiento económico, sin descuidar aspectos sociales y morales de la población.
BELGRANO Y SUS IDEAS DE DESARROLLO ECONÓMICO
La Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y el avance de la ilustración marcaron el final de una etapa histórica, con una atmósfera intelectual en permanente cambio. Todo ello influyó decisivamente en la formación de las convicciones de nuestro ilustre patriota.
Claramente describe ese proceso en su Autobiografía cuando relata que: “Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba se apoderaron de mi las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente”
En su pensamiento económico quien ejerció una influencia determinante fue el francés Francois Quesnay, a quien debemos agregar la de Adam Smith. Con la lectura de sus obras, y las de otros autores, le permitieron advertir que no se podía obviar el contexto más avanzado en que se desarrollaban las ideas del liberalismo económico. Trasladar este nuevo paradigma a su tierra requería adaptaciones. La realidad de las tierras del sur, con un desarrollo más atrasado y con condiciones institucionales tan diferentes a las de Europa le exigieron más cuidado a la hora de difundir sus ideas y postular la aplicación de las mismas.
Las ideas económicas que caracterizaron el pensamiento de Belgrano están desarrolladas en las MEMORIAS DEL CONSULADO, con cuya lectura se abrían anualmente las sesiones.
El profesor e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba, Alfredo Félix Blanco, en su estudio sobre Belgrano economista dice: “Belgrano transformó esas presentaciones en verdaderas conferencias sobre temas de economía y en fuertes alegatos en defensa del libre comercio de las colonias en contra de las restricciones monopólicas de la metrópoli.
Sus ideas sobre el valor de los bienes (donde se percibe la influencia de Condillac), la convicción en las ventajas del libre comercio, sus análisis sobre la necesidad de desarrollar las actividades agrícolas y el comercio, de fomentar el cambio tecnológico y la educación técnica y de desarrollar las obras de infraestructura, permiten apreciar el carácter progresista de su visión económica.”
Más adelante, el Prof. Blanco, sostiene: “La equilibrada combinación de las nociones fisiocráticas y del liberalismo en ascenso con la realidad que lo rodeaba, lo impulsaron a luchar por el desarrollo de una economía que aun estaba contenida por instituciones que gradualmente dejaban de ser funcionales a la expansión económica. La independencia y, muchos años después, la consolidación de la unidad nacional crearían las condiciones para en la Argentina moderna, que Belgrano probablemente intuyó alumbrada por las nuevas nociones de la economía”.
En la función de analizar y divulgar los nuevos principios de economía contó con el apoyo de dos voceros de las nuevas doctrinas. Me refiero a su primo Juan José Castelli, quien lo reemplazó como Secretario en 1796 y 1800, cuando solicitó licencia por razones de salud; y de Juan Hipólito Vieytes, que lo acompañó desde el Semanario de Agricultura, Industgria y Comercio.
EL DESEMPEÑO DE BELGRANO AL FRENTE DEL CONSULADO
Como ya hemos dicho, desde 1794 hasta 1810, salvo con dos interrupciones por razones de salud, trabaja sin descanso como Secretario del Consulado, alternando esta actividad específica con el periodismo, especialmente en temas políticos, económicos y educativos, en los periódicos “El Telégrafo Mercantil”, “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” y “Correo de Comercio”. Este último bajo su dirección.
En los primeros años de su actividad en el Consulado, Belgrano expone en forma teórica las líneas generales de lo que debía ser una política económica. Es aquí cuando a través de los textos de las Memorias comienza a diferenciarse de los objetivos básicos coloniales, en especial a lo referido al monocultivo en América, impulsando una agricultura planificada y con fines industriales. Propicia la protección de los productos manufacturados ya existentes y sugiriendo algunos nuevos.
En las Memorias de 1795 plantea la enseñanza para la agricultura y la creación de un fondo de ayuda a los trabajadores de la tierra. Refiriéndose a la agricultura dice: “Ella ha de ser la que nos ha de proporcionar todas nuestras comodidades… haciendo igualmente la suya la Metrópoli, a quien en recompensa de la seguridad que nos franquea deberemos presentarle todas nuestras materias primas para que nos las de manufacturadas y prontas a nuestro servicio. Constituyéndonos labradores y que la Península sea la industriosa”
En la Memoria de 1797 se muestra claramente proteccionista de la promoción y compra de determinados productos por el Estado. Es en este año que surgen las propuestas de emprendimientos industriales con la fabricación de cables y lonas a partir del cultivo de lino y cáñamo, pero su iniciativa fracasó por la falta de apoyo oficial y privado.
Otra de las iniciativas de Belgrano fue la institución de premios para impulsar los adelantos científicos y técnicos. A partir de 1798 se destinan fondos para ser repartidos entre quienes introdujeran nuevos cultivos, forestaran, combatieran la polilla de los cueros y los perros cimarrones.
LAS MEMORIAS DEL CONSULADO
Uno de los aspectos más destacados de Belgrano al frente del Consulado, fueron las MEMORIAS sobre los temas económicos. Su lectura nos permite un mayor conocimiento del pensamiento del prócer y del contexto social y político de su época.
Las MEMORIAS anuales sirvieron de instrumento para la difusión de las nuevas ideas económicas, pero orientadas al desarrollo colonial. Para ello, era fundamental que el encargado de su redacción “fuese alguien instruido en las nuevas ideas económicas y que ofreciera a su vez probadas muestras de compromiso con el orden vigente” como lo expresa el Profesor Pedro Navarro Floria, en su “Historia de Belgrano al frente del Consulado”
Las MEMORIAS eran leídas por Belgrano en el inicio de las sesiones que se llevaban a cabo en el mes de junio. Esas sesiones fueron tomando cada vez mayor importancia institucional y social en Buenos Aires. Debido a esto, una Real Orden de 1797 dispone que a las sesiones “se convide al virrey y demás tribunales y cuerpos de esta capital para que concurran a la Junta de Gobierno, y que se publique por carteles para que asistan los sujetos que quieran, sentándose estos indistintamente en los lugares que encuentren, y finalmente que cualquiera de los concurrentes pueda manifestar por medio de una memoria algún objeto que conceptúe útil a cualquiera de dichos ramos, para que Vuestra Señoría lo tenga presente en sus operaciones”.
Las lecturas de las MEMORIAS “se convirtieron en una verdadera cátedra de economía
política en la materia, adaptándola a la situación local”, como lo expresa el Prof. Alfredo Blanco en su investigación sobre “Belgrano, el economista de nuestra Independencia.
Como hemos podido ver, la historia del Consulado de Buenos Aires está “íntimamente ligada á la vida de su secretario, que le inoculó sus ideas y le imprimió dirección desde su origen, está igualmente ligada al movimiento de ideas y planes de reforma en Sud América. Bajo su influencia se ve, que esta corporación fue en Buenos Aires lo mismo que en Chile, una especie de gobierno en el gobierno, en que Belgrano hizo las veces de ministro; y á esta circunstancia deberá el lugar que ha de ocupar en nuestros anales” (B.Mitre. Obra citada)
BELGRANO PEDAGOGO
Abordaré ahora una faceta quizás desconocida o bien no planteada como tal en la historiografía de sobre Belgrano como pedagogo.
José Forgione, en una de sus obras, al referirse a nuestro prócer lo denomina “nuestro primer pedagogo criollo” porque Belgrano más que un realizador, fue en realidad un precursor de la instrucción pública.
Vamos a situarnos en la etapa previa a la Revolución de Mayo. Muchos historiadores la ubican como pre-iluminista. Mientras en Francia la ilustración estaba en pleno auge, recién entrado el siglo XIX se hizo sentir en el Río de la Plata.
En España las ideas de Condillac y Jenovesi ofrecían cierta continuidad con las tesis de la segunda escolástica, en especial en el tema del origen de las ideas. Si bien Condillac y Jenovesi eran bien mirados por algunos referentes del iluminismo, su condición de clérigos no ofrecía demasiadas garantías de lucha contra las instituciones eclesiásticas. Las nuevas ideas, si bien eran tolerantes en el plano religioso, buscaban la modernización en política, economía y comercio, pero con sesgo de utilitarismo.
¿Cómo era el panorama que presentaba España de Carlos III? Podríamos afirmar que el rey tenía como objetivo desplazar la escolástica de las universidades, de la antigua legislación y de la organización política.
Dentro de este marco, sucintamente expresado, se destaca con perfiles nítidos la figura del Belgrano, justamente llamado “primer pedagogo criollo” y luchador incansable de la enseñanza gratuita para los pobres, un verdadero visionario de la modernización e industrialización agrícola; escritor destacado, pero por sobre todas las cosas, dueño de un espíritu generoso que todo lo dio por el engrandecimiento de la patria.
En las Memorias del Consulado de Buenos Aires se encuentran las ideas pedagógicas que nuestro prócer proyecta llevar a la práctica para mejorar las condiciones de vida los más humildes y de los más jóvenes.
En las obras de Campomanes y en trabajos de Jovellanos encuentra ideas sobre educación que incorpora a las Memorias.
Como periodista, Belgrano aprovecha esta oportunidad para desarrollar sus puntos de vista sobre educación.
Inspirado en los ideales de la Revolución Francesa propone la fundación de escuelas para niñas, una iniciativa por demás original dada la marginalidad a la que era sometida la mujer en aquella época.
Fue un adelantado en el reclamo de espacios para la educación de niños negros y mulatos. Reclamó que se conserven asientos para que reciban instrucción común en las escuelas públicas.
Uno de sus principales desvelos fue la situación moral y económica de los marginados que vivían en forma miserable. Sostiene que con una educación adecuada para el trabajo podía combatirse la ociosidad y recuperarse seres humanos aptos para el desarrollo de la patria.
En una de las memorias anuales, referida a la necesidad de fomentar la agricultura por medio de la enseñanza, sostiene que debe seguirse el ejemplo de Europa que a través de academias y sociedades forman personas competentes que se dedicarán a estas tareas.
Sabio consejero de los jóvenes a quienes impulsa a profundizar los estudios del suelo, perfeccionar los conocimientos sobre abonos, intensificar la lucha contra las plagas que arruinan las cosechas.
Sugiere la instalación de una escuela de agricultura y la necesidad de establecer una escuela de dibujo, una escuela de comercio y escuelas gratuitas para niñas “donde se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar, y principalmente inspirarles el amor al trabajo para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres” Y agrega sabiamente “Jamás me cansaré de recomendar la escuela y el premio; nada se puede conseguir sin éstos y nuestros trabajos e indagaciones quedarán siempre sin efecto si no se adopta” Continúa en la primera Memoria anual del Consulado “La ciencia del comercio no se reduce a comprar por diez y vender por veinte; sus principios son mas dignos y la extensión que comprenden, es mucho más de lo que puede suceder a aquellos que sin conocimientos han emprendido sus negociaciones, cuyos productos habiéndolos deslumbrado, los han persuadidote que están inteligenciados en ellos”… “Así pasaré a proponer los medios para protegerlo. Sea el primero una escuela titulada de comercio, donde los jóvenes vayan a instruirse en la aritmética, en el modo de llevar la cuenta y la razón, tener libros; en el cálculo y regla de cambio; en la regla de la navegación mercantil, de los seguros, etc. en el modo de establecer la correspondencia mercantil y mantenerla, en las leyes y costumbres usadas entre negociantes, etc. donde al menos se les enseñen los principios generales de la geografía y las producciones de que abundan o escasean los países, a fin de que estos principios puedan hacer sus especulaciones con el mayor acierto posible y que si se dedican al comercio les proporcione ventajas y adelantamiento que los empeñe al trabajo”
Bartolomé Mitre, cuando hace referencia a Belgrano y labor en favor de la educación, expresa: “Las creaciones que le hacen acreedor a la gratitud de las posteridad, como al fundador del estudio de las ciencias exactas y de las bellas artes en su patria, son las que realizó bajo los auspicios del Consulado, que en esto obedeció no sólo al impulso de sus ideas enunciadas en su primer Memoria anual, sino también a sus perseverantes exigencias”
Para entender la profundidad de la pedagogía de Belgrano, es necesario remitirse a la “Memoria sobre el estudio de las matemáticas”, leída en el segundo día de los certámenes públicos de la Academia de Náutica, el 28 de enero de 1806 y que se encuentra publicada en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio – Tomo IV. Número extraordinario del año 1806.
Para finalizar quiero hacer mías las palabras del escritor e investigador Moshé Korin quien al referirse a la personalidad de Belgrano expresa: “Ilustrado, activo, ideólogo, fue economista, militar y periodista. Y antes que nada fue un patriota y un hombre de bien. Su enorme figura moral es guía para generaciones de argentinos. En su “Historia Argentina”, los historiadores puntualizan la gran estatura adquirida por Belgrano especialmente entre 1810 y 1814, pero en toda su vida fue un ejemplo.
Un hombre que donó un premio en pesos luego de su triunfo en Salta, y lo hizo para que se creasen cuatro escuelas. Ese mismo hombre fallece casi en la pobreza absoluta. Pero hay que decirlo, hablamos de la pobreza en cuanto a bienes económicos. Porque su riqueza fue moral, y su genio ético es ejemplo para todos los argentinos que tienen en Belgrano a un modelo sin par.
Creo que quien mejor supo sintetizar en una frase la vida y la obra de nuestro prócer fue Bartolomé Mitre quien dijo de él: “Es el hombre que lo dio todo y no pidió nada; es uno de los autores de la Nación Argentina”.
MARIO CÉSAR GIORDÁN.
Gualeguaychú, Entre Ríos, abril de 2010.
Fotos de la Charla:
|
|