LA PLATA DEL CARNAVAL.
Se incluye a continuación una nota publicada por el autor de esta información en la columna semanal Apuntes al margen del diario local El DIA del 29 de Diciembre de 2007, por contener datos actuales interesantes sobre el destino de los recursos del carnaval, que corroboran la continuidad de la idea de Daroca en 1978.

APUNTES AL MARGEN                  Por Gustavo Rivas
“…Y AHORA A SEGUIR SOÑANDO, MANTENIENDO VIVA LA LLAMA DEL ENTUSIASMO QUE OJALÁ NUNCA PERDAMOS” (Oscar José Lapalma)

El sábado comienza el carnaval del país. No es una edición más: es la trigésima desde que se montó la actual forma organizativa, un invento gualeguaychuense que posibilitó su notable crecimiento.
 En septiembre del 78  Ike Daroca, que había sostenido Acorad con gran esfuerzo, propuso modificar la organización del corso. Conocedor del costo de un espectáculo con pretensiones, proponía que se cobrara la entrada, que por entonces era gratuita. Y fundamentaba: el corso gratuito siempre tendría un techo, aún por sobre los premios o sponsors conseguidos. Pero si se diera la concesión a los propios actores del  espectáculo, con derecho a la entrada, nuevos alicientes mejorarían el nivel artístico: sin plata nunca habrá calidad.
La propuesta se completaba con algo interesante: para que no derivara en un negocio de particulares, la concesión debía otorgarse a asociaciones sin fines de lucro. Y así se hizo: 16 entidades acudieron a la convocatoria municipal y con ellas se fundó la nueva organización. En 1979 se puso ésta en marcha y aunque era requisito presentar espectáculos propios, se concedió una prórroga  a los que no podían montarlos en tan breve tiempo.
1980 fue de intensa preparación, ya que vencía el alargue y había que presentar realizaciones propias para  participar en los ingresos. Los clubes llamaron a sus socios a colaborar y la respuesta  fue sorpresiva: aparecieron muchos voluntarios que conformaron una mano de obra gratuita y muy calificada. Nadie cobraba, ni los directores de orquesta y todos sabían hacer algo: salía a la luz la tradición de 20 años de carrozas estudiantiles, fiesta amateur que nos había dado una preparación artística colectiva. Eran las calidades dormidas  que habían estado a la espera de alguien que las despertara.
1981 fue el estallido: las cinco agrupaciones actuales salieron juntas a la 25, brindando un espectáculo como jamás se había visto y preanunciando lo que vendría: la idea de Daroca daba sus primeros frutos. Ciudades vecinas que hasta entonces nos daban cátedra en carnaval, veían con asombro nuestro crecimiento, mientras en ellas la fiesta se estancaba por mantener la forma antigua de organización. Algunos ensayaron después otro modelo de privatización incluyendo la figura del empresario privado que recaudaba con holgura, pero se quedaba corto con los premios….Otros terminaron adoptando el modelo de Gualeguaychú que había marcado un rumbo.
A partir de ese año 1981, se produjo un doble fenómeno espiralizado. La jerarquía del espectáculo empezó a atraer turistas para lo cual influyó la inauguración  de los puentes que nos  vincularon al mundo. La demanda adicional permitió el aumento de la entrada y éste posibilitaba más inversiones, que elevaban la calidad  generando mayor concurrencia. Así sucesivamente la fiesta iba creciendo con el precio de la entrada, hasta que un día, muchos de los que habían ayudado en los inicios, se quedaron afuera por falta de dinero. Es la parte triste de esta historia, pero pongamos en el otro platillo la cantidad de gualeguaychuenses que encontraron en el carnaval su fuente de trabajo. Y el orgullo de que figure entre los más fulgurantes del mundo.
Es cierto que el precio de $ 30 es prohibitivo para muchos vecinos que son carnavaleros de alma. Pero también es cierto que con un precio popular no se pueden solventar comparsas cuyo costo está llegando al millón de pesos y  cada puesta en el circuito requiere $ 15.000. Por eso, muchos deben conformarse con asistir  una o dos veces y se ha instituido la primera  noche con precios promocionales para el público local.
Algunos se preguntan por el destino de la plata del carnaval. En ese aspecto y salvo algún desliz que pueda haberse producido, la idea de Daroca sigue dando sus frutos. Los recursos del carnaval se  orientan a fines de bien común y para ello basta con una recorrida por las inversiones del producido en tiempos recientes: Por ejemplo el Centro Sirio Libanés  – que contadas veces ha superado el tercer puesto- sostiene dos escuelas privadas que totalizan 250 alumnos y enseñan nivel inicial , EGB y hasta adultos de ambos sexos, con disciplinas técnicas: herrería, mecánica, construcciones, computación, manualidades, cocina, costura, peluquería, además de obras en su sede, la compra de un gigantesco galpón y lo que se reinvierte en la propia Kamarr. Juventud Unida mantiene en gran parte con recursos del carnaval, el jardín Rey León y la Escuela EGB  N° 200, además de las importantes obras en su sede: 2 gimnasios cerrados, modernos vestuarios, remodelación del  buffet y secretaría, cancha de bochas, más la intensa actividad deportiva. Pescadores inauguró su escuela privada Ruperto Geloz y  renovó entera su sede: pileta, salón, bungalows, quinchos, playa, talleres y acaba de adquirir otro galpón que estrena en estos días. Central  sostiene un instituto secundario modelo con edificio propio y 400 alumnos, además de tres sedes con importantes mejoras y una perfomance deportiva de alcance nacional. Tiro Federal inauguró hace unos días su pileta, que suma al polígono para aire comprimido, canchas de tenis, complejo de playa y camping con nuevos cuerpos de baños, remodelación del buffet y ahora un amplio galpón.
Todo ello explica por qué somos la ciudad con mayor cantidad de colegios sostenidos por clubes. Por  otra parte, tengamos en cuenta que éstos asumen el riesgo del espectáculo a cielo abierto mayor convocante de  turistas  y perciben  una porción minoritaria de los recursos que estos dejan. Nuestros Intendentes felizmente lo han comprendido….
Por otra parte, es palpable la reinversión en las comparsas posterior a los años rendidores, como se reflejará en la calidad de este año.
A la  participación concedida a las entidades del hospital, se suma ahora la Asamblea Ambiental, más el apoyo brindado a las carrozas estudiantiles que tanto han influido descubriendo vocaciones y formando recursos humanos para el carnaval.
Ya ven cómo una buena idea pudo aportar tanto a la ciudad. El carnaval de Gualeguaychú descansa sobre bases firmes: no hay Botnia que lo doblegue.

Hasta el año que viene. Si Dios quiere.

 

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