ALGUNOS TEXTOS INSERTOS:

Por contener datos que pueden resultar de interés al lector foráneo, se transcribe a continuación el epílogo del libro Calidades Dormidas publicado por el autor de estas notas.
EPÍLOGO
Y bien, hemos finalizado esta recorrida por el pasado de nuestro carnaval.
Mucho es lo que quedó en el tintero, para próximas oportunidades y para otros autores. Sin embargo, quien se haya tomado la molestia de leer este librito, tendrá una idea de lo que fueron antes nuestros corsos y cómo nacieron las cinco  actuales comparsas.
Como verán, lo expuesto en la primera sección, no difiere mucho de lo que pueda narrarse  sobre el carnaval de cualquier otro pago provinciano. Salvo en lo que respecta a la pseudo comparsa Los Bichos, porque  no es muy común el derroche de humor que ha caracterizado la vida de  los gualeguaychuenses.
En cambio, lo que se relata en la segunda parte, nos señala una evolución muy  singular. ¿Acaso no es admirable cómo  una murguita infantil, alcanza en cuatro años, tan descollante lucimiento? ¿O que una competidora triunfara desde su debut, con un nivel  excepcional?
¿Cómo se explica que un sencillo corso de pueblo, que venía en franca decadencia, se convirtiera tan rápidamente, en la mayor atracción del país?
Formulemos el interrogante de otra manera: ¿Que tenía Gualeguaychú para poder generar  esta muestra de inagotable creatividad?
Algo hemos adelantado a lo largo de estas notas, pero ahora agregamos desde una perspectiva actual y a modo de redondeo, nuestra opinión sobre algunas causas de ese surgimiento.

EL ACIERTO DE UN VISIONARIO

Cuando Ike Daroca propuso un nuevo modo de organización de los corsos, lo hizo con el propósito de posibilitar mayores inversiones en el espectáculo. El derecho a cobrar la entrada por parte de los organizadores, mas la exigencia a estos, de presentar algún espectáculo, fueron la combinación que abrió las puertas. Hasta entonces, sólo un Quijote como Ike, podía lanzarse a  un emprendimiento de ese tipo. Pero a partir de 1978, con los recursos asegurados,  podían planificarse mayores gastos, proyectos mas ambiciosos, y dar rienda suelta a la imaginación. Sin embargo, los resultados no aparecieron de inmediato. Se fueron insinuando en los años siguientes, aunque a un ritmo que preaunciaba la explosión. Y ésta vino en 1981, año que hemos denominado el gran estallido.
Para que este salto se produjera, no sólo era necesario contar con recursos.  El arte, la creatividad y el buen gusto, no nacen al solo influjo del dinero. Por el contrario, cuando éste sobra y falta talento, suelen producirse mamarrachos monumentales.
Pero Gualeguaychú tenía bajo tierra, un yacimiento de belleza contenida formado a lo largo de muchos años, que aún no había emergido. Eran calidades que estaban allí dormidas y un día saltaron a escena en vigorosa elevación. Así las definía recordando a 1981, Jorge Cháves, sin pensar que con esa expresión, titularía un futuro libro, que no estaba por entonces en la intenciones del  autor.
Eran calidades logradas con perseverante labor, por miles de jóvenes gualeguaychuenses , a través de un una fiesta tradicional que les pertenece, próxima a cumplir cuarenta años.
EL CARNAVAL Y LAS CARROZAS.-
¿Porqué Gualeguaychú pudo hacer esto?. Porque desde 1960, se  realiza en nuestra ciudad el  tradicional Desfile de Carrozas Estudiantiles. Hasta ese año, los estudiantes secundarios salíamos a festejar la primavera, en carros adornados con unas cuantas ramas, algunas vestimentas gauchescas y una no menos criolla damajuanita. Pero en 1959, algunos pioneros, como Blanca Rebagliatti de Lyall, Numa Frutos y Eclio Giusto, se elevaron por sobre aquella chatura generalizada y sin pretensiones, presentando carruajes más finamente adornados. Y como el paso de esas carrozas por la 25 llamó gratamente la atención, al año siguiente se organizó por parte de los Clubes Colegiales de Villa Malvina y Sección Comercial del Luis Clavarino, el primer Desfile de Carrozas Estudiantiles y Corso de Flores. Aquella estudiantina hoy pasa en edad, el medio siglo. Muchos ya son abuelos de la tercera generación carrocera.
Por eso los gualeguaychuenses en forma colectiva, han adquirido un acervo artístico y tecnológico que se fue transmitiendo en sucesivas promociones, acrecentado y enriquecido con el uso de nuevos materiales, e ingeniosos inventos.
Por eso nuestros alumnos, mucho antes de que el Congreso Pedagógico Nacional y su consecuencia, la Ley Federal de Educación, detectaran el exceso enciclopédico y escaso contenido práctico de los planes educativos, adquirieron, haciendo carrozas, ese complemento que faltaba en sus programas. Difícilmente un gualeguaychuense no tenga nociones sobre construcción de chasis, soldadura eléctrica (hasta las mujeres suelen utilizarla), cableado, sonorización, estructuras, moldeado, pintura o diseño.
Es más: hacer carrozas, es algo innato en  nuestros jóvenes. Podría decirse en otros términos, que aquí los estudiantes,  ya  nacen  con instinto carrocero.
Para comprobarlo, basta con  verlos, a partir de  Mayo o Junio, cuando empiezan a circular por la ciudad llevando cartones, maderas, diarios y otros elementos, que la gente tira por inútiles. Y tan lo llevan en la sangre, que solitos empiezan su labor, mucho antes de que  se constituya la Comisión de Carrozas. Nadie les dice si va a haber desfile, quiénes serán las autoridades o cual va a ser el reglamento. Pero ellos igual trabajan... Faltando dos meses, se trasladan a los galpones del puerto que les facilita la Municipalidad, y allí terminan varias docenas de carrozas, una al lado de otra. Es emocionante ver el ritmo de los últimos días, centenares de chicas y muchachos engrudados y pintados de pie a cabeza, trabajando a ritmo febril, y resolviendo sus carencias con soluciones ingeniosas, en un clima festivo y de sana camaradería.
Y llega el día del desfile, para sorprender a propios y extraños con realizaciones de excelente nivel, pese a la carencia absoluta de recursos.
Muy similar a las primeras comparsas: todo a pulmón y patriotismo.
Los cincuenta años de carrozas, le han dado a los gualeguaychuenses una especial destreza para este tipo de realizaciones. Esas capacidades, eran las calidades que dormían, hasta que un día fueron despertadas por la nueva forma organizativa de los corsos, a partir de 1978.
Cuando las entidades integrantes, comprometidas a producir realizaciones, necesitaron  el aporte de su gente, por todas partes aparecieron voluntarios a raudales, como si les hubiesen abierto las compuertas. La mano de obra emergente no sólo era abundante, sino altamente calificada. Y gratuita. Para cada tarea había entendidos con un nivel razonable de capacitación. Quien más, quien menos, había pasado por alguna carroza: Gualeguaychú tenía preparación de sobra para ese desafío.
En los años que siguieron a 1981, el nivel creciente de calidad y la abundancia de recursos que proporcionaba el turismo masivo, se retroalimentaron con sinérgico dinamismo, produciendo un crecimiento sorprendente, que aún no se ha detenido.
¿Por qué pudo Gualeguaychú tener este ascenso? Podríamos responder con la misma suficiencia antes recordada: Son años... ¡de carrozas!
Y no termina ahí la relación entre éstas y el carnaval. Porque las comparsas reclutan sus recursos humanos, de los valores que van surgiendo en las carrozas estudiantiles. Es así como la mayor parte de los actuales Directores de Comparsa, han pasado antes por su etapa  carrocera.
Y si quedara alguna duda sobre esa vinculación, basta con echar un vistazo a los monumentales carromatos de nuestro carnaval.
LA COMPARSA POR DENTRO
Actualmente el mundillo del carnaval del país, dista mucho de lo que fue en sus inicios. Allá por 1981 nadie cobraba, todo se hacía en forma amateur. Por el contrario, hoy casi todas las tareas son remuneradas. Algunas comparsas pagan incluso a sus integrantes por cada noche de actuación. Podemos decir sin exagerar, que cada una es actualmente  sustento de unas 400 personas, si se tiene  en  cuenta toda la obra de mano agregada , que el gran público no ve realizar.
La inversión total de cada año, sin computar los elementos ya acopiados, oscila en los $ 800.000. Para darse una idea de la gigantesca tarea, observemos el siguiente dato. Un traje de fantasía de los de mayor envergadura, puede llevar hasta 500.000 piezas, contando lentejuelas, mostacillas, canutos, pedrería y plumas. Solamente  en lentejuelas, cada comparsa lleva varios millones y uno por uno, esos elementos son enhebrados en forma  manual.
El stock acumulado de materiales, representa un valor importante. Baste decir a modo de ejemplo, que cada comparsa posee unas 40.000 plumas, entre las amazonas, de pavo real o faisán, siendo éstas las más costosas.
Los espectadores de nuestros corsos, generalmente desconocen la densa y paciente labor de muchos meses. Finalizado el carnaval, los clubes se dedican a desarmar carrozas, trajes, espaldares y a guardar los elementos reutilizables. Luego se lanzan a la búsqueda del próximo tema. Examinan carpetas, reciben propuestas e inquietudes y una vez hecha la elección, empieza nuevamente la obra. Todo el trabajo es artesanal.
Por un lado, funcionan los talleres de costura y por el otro, la sección carrozas. Cada una de las comparsas tiene su propio taller y dentro de estos hay distintas secciones de trabajo: costureras, bordadoras, cortadoras, perleros (los que aplican perlas),  modistas etc. Otro grupo confecciona los espaldares, dividiendo la tarea entre quienes sueldan las estructuras, (también se usa mimbre para alivianarlas) y los plumeros, que acondicionan las plumas o las tiñen en épocas de crisis.
Fuera de esos locales, decenas de costureras y bordadoras hacen trabajos en sus domicilios, al igual que zapateros, tocadistas, etc. Todos perciben su paga, diferenciada de acuerdo a la cantidad y calidad del trabajo.
La organización en los talleres de comparsa, les da un notable parecido con las empresas. Tienen sus materiales y elementos prolijamente almacenados y cada uno se encuentra en su cajón o estante, por tamaño, color, marca y calidad. Todo ello se registra en un inventario con control de reposición y órdenes de compra, haciéndose  constar en planillas.
El grupo de trabajo es supervisado por la presencia permanente de los responsables y se controla mediante el cumplimiento de horarios, trabajo entregado u otras modalidades. Algunos uniforman a su personal.
Cada pieza o elemento, pasa por un riguroso control de calidad. Desde probar la resistencia de materiales en un chasis hasta controlar la densidad y color de las lentejuelas colocadas en un mandil. Para esto se recurre a una forma sencilla e ingeniosa: se examina la pieza al trasluz y de esa forma de detectan baches en el recubrimiento.
En ámbitos separados funcionan los talleres de carrozas. Los estudiantes que se incorporan a las comparsas, entran en un mundo diferente. Ya no tienen como principal problema, la escasez de recursos sino que estos están a su disposición con holgura pues el carnaval mueve sumas cuantiosas. Tampoco tienen limitaciones de tamaño, de modo que pueden dar rienda suelta a su  creatividad.
Cuentan también con personal especializado en todas las etapas de la construcción: soldadores, herreros, empapeladores y en algunos casos con la asistencia de Ingenieros. De este modo, si de estudiantes pudieron construir magnificas carrozas, ahora producen esas obras colosales que caracterizan al carnaval de Gualeguaychú.
También en estos talleres, vemos cada año las innovaciones técnicas que se van imponiendo, al igual que los novedosos materiales. Puede decirse que el telgopor y la gomaespuma, son la base de los elementos de una carroza. Y asombra observar la pericia con que los talladores de telgopor desbastan enormes masas con singular celeridad, utilizando como única herramienta un hilo candente de alambre micronado.
Luego viene el trabajo fino realizado con cúter, elementos cortantes mal llamados trinchetas, y cuando la pieza está lista, la toman los empapeladores, antes de pasar a la sección pintura. En la etapa final de la carroza, entran los electricistas, iluminadores y sonidistas, aunque estos últimos, han reducido su actuación a la carroza de los músicos, por el nuevo sistema de audio instalado en el corsódromo.
Por si faltara algo para la semejanza entre comparsas y empresas, la competencia les obliga a mantener ciertos secretos industriales, siendo el más guardado, el relativo al futuro tema. También se suelen preservar del conocimiento de los colegas, las nuevas tecnologías que se inventan año a año, al igual que el descubrimiento y uso de novedosos materiales, en la búsqueda permanente de economía, menor peso, facilidad de moldeo y efecto visual.
Se observa entonces, cómo algunos materiales, pensados para otros usos industriales, son hábilmente adoptados por las comparsas. Así vemos cómo se generaliza el uso de la fiselina y el estafón como entretelas para el armado, cuando no se emplea también alambrina, para mantener la forma. Rebordes vistosos en tocados y espaldares, tienen como base el telgopor cilíndrico, cuya flexibilidad lo hace muy funcional en variados usos. Cada año aparecen versiones innovadoras en lentejuelas, cuya calidad se supera constantemente, con formas y tamaño que difieren de las clásicas, por su convexidad, brillo multicolor, contornos florales y colores inéditos. Lo mismo ocurre con  mostacillas, canutillos y pedrería. Últimamente se está incorporando un material transparente, con un  brillo holográfico de impactante resultado,  llamado papel cigarrillo.
No obstante todo ello, el espionaje no puede evitarse y en definitiva los avances tecnológicos se generalizan a la competencia, por lo cual hay que procurar nuevos hallazgos.
Algunos adelantos provienen de las carrozas estudiantiles, porque el ingenio de los jóvenes no tiene límites: pero generalmente es al revés, ya que las comparsas, tienen más acceso a las novedades foráneas y si no resultan muy costosas, son adoptadas luego por los estudiantes carroceros. Se da así, una mutua retroalimentación entre ambos mundillos.
Exhibiendo otro rasgo típicamente empresarial, una de las comparsas, ha montado su propio Departamento de Relaciones Públicas. Su gama de actividades recorre desde algunos presentes a modo de regalos empresarios, a la distribución masiva de objetos publicitarios. Muchos ejecutivos locales podrían inspirarse en sus programas.
Hasta acá todo muy parecido a cualquier empresa industrial. Pero hay enormes diferencias. En un taller de comparsa sus operarios conviven durante muchas horas. El clima y la labor son propicias para el diálogo fluido y pronto se alcanza un marco de franca amistad. Surgen así, lazos solidarios muy firmes y un arraigado sentido de pertenencia. En un taller de comparsa todo se comparte: las tristezas, las alegrías. Todo. ¿Será por eso que ambas palabras tienen la misma raíz?
Y ahí radica la nota diferencial con las empresas, pues por encima de la profesionalización alcanzada, en el fondo una comparsa, es una gran familia.
Cuando se acerca el carnaval, aparecen decenas de chicas y muchachos a probarse trajes y ayudar, trayendo el clima bullanguero de sus ensayos. Es como cuando en una casa aparecen los hijos: la familia se agranda.
Y entre los jóvenes integrantes de la comparsa se genera el mismo clima de amistad e identificación. Es la camiseta.
En los tramos finales, el grupo aumenta su ritmo de trabajo en franca lucha contra el reloj. No obstante todos los esfuerzos, el primer día de corso, algunas comparsas salen bastante incompletas.
Algunas pagan a todos sus integrantes. Otras, solamente a las pasistas o bastoneras más destacadas, pero todas abonan a las batucadas y obviamente retribuyen bien el trabajo de los músicos.
Durante la salida de la comparsa, mucho personal rentado se incorpora o cambia sus tareas. Así, tenemos los empujadores (se suelen emplear más de 50), aguateros, distintos servicios de mantenimiento durante el desfile, que en caso de emergencia actúan con celeridad, desde la rotura de una carroza, la descompostura de un grupo electrógeno, problemas de sonido, o simplemente el desprendimiento de una pluma o la suela de un zapato. Junto a las modistas caminan también las peinadoras y maquilladoras listas para cualquier repaso.
Dado que lo principal es la persona de los integrantes, resulta fundamental el papel de quienes les acompañan, munidos de elementos de auxilio, como aerosoles, desinflamantes, aspirinas, curitas, vendas, etc.
Todas estas tareas remuneradas, más orquesta y batucada, hace que cada salida de comparsa, cueste entre $12.000 y $15.000 , suma que se adiciona al costo de montarla.
Otra diferencia: mientras el personal de una fábrica, espera ansioso las vacaciones, en las  comparsas cuando tienen las suyas, ¡se bajonean!: En efecto: después que el carnaval ha finalizado, y con ello las tareas de desarmado y almacenamiento, sobreviene un período especial, denominado bajón de abril. Porque se habitúan tanto al ritmo de todo el año, que durante ese mes sienten un raro vacío y depresión, que les dura hasta que se retoma la tarea.
Hay otra nota distintiva, que las separa de una empresa. Sabido es que estas últimas, aún las llamadas de familia, asumen formas sociales, que separan su patrimonio del de sus socios, de modo tal, que el riesgo empresario no arrastre  sus bienes personales.
Sin embargo, es frecuente que en años malos cuando el resultado ha sido adverso para la comparsa  y se necesita capital de trabajo para la temporada siguiente, sus directivos contraen cuantiosas deudas personales y hasta hipotecan sus casas de familia, para apuntalar a su obra.
Otra nota diferencial, es el destino de las utilidades. Excluyendo lo que se reinvierte en la comparsa, el resto va a emprendimientos deportivos, educacionales, sociales o culturales de las entidades patrocinantes, ya que así fue concebida la organización del carnaval, desde 1978.
Y mientras en una empresa los directorios perciben la crema de la torta, acá los directivos, son los únicos que trabajan ad honorem. Pero en serio: sin gastos de representación. A tal punto, que algunos circulan desde hace años en autos que se caen  a pedazos, o a pie. Y no es que  esconden la leche. Acá eso es imposible: todavía somos pueblo chico.
EL CORSÓDROMO
Otra razón del  notable crecimiento señalado, es el Corsódromo.
El asombroso desarrollo del carnaval de Gualeguaychú, hizo que en pocos años, el escenario resultara insuficiente, tanto para el público como para las propias comparsas, que debían comprimir sus dimensiones.
Las escuadras se angostaban, las carrozas eran finas y largas; asimismo ambas tenían problemas de pasaje, a lo que se agregaban dificultades adicionales en la sonorización e iluminación.
Hasta que la Municipalidad de Gualeguaychú, construyó el actual corsódromo, en lo que había sido por más de cien años, la estación del ferrocarril. Se inauguró el 18 de Enero de 1997. Es el primero de su tipo en el país, con una extensión de 500 metros de largo y un ancho de pista de 10 metros útiles.
Cincuenta columnas  alineadas a ambos costados iluminan la pasarela central con  dos proyectores cada una,  de mil watts de potencia. En la zona central (VIP) la capacidad aumenta a doce proyectores por columna.
La  iluminación media en ese sector alcanza a 1.200 lux, ya que así fue previsto, para la filmación de las comparsas sin necesidad de equipos adicionales. Todo el conjunto fue especialmente diseñado y calculado con uso de  ordenadores, sobre proyecto de  ingenieros especializados.
Diez torres, de veinte metros  con 6.000 w. de potencia cada una, complementan la iluminación general del Parque de la Estación,  además de otras 142 columnas de  4 metros de altura libre. La potencia lumínica total, alcanza a 345.000 w.
Las columnas de sonido, emplazadas una cada 30 metros, con sus cajas JBL, para la reproducción amplificación de la señal FM., difunden la música de cada comparsa, sólo en el sector por donde ella va  desfilando. Todo el sistema se comanda desde una consola central. La potencia total musical alcanza a 45.000 w., medida en especificación RMS.
Cuenta además con instalación sanitaria completa, tanque de reserva de 48.600 litros, y una red cloacal que sirve a todos los  sanitarios existentes, sistema de riego para las zonas verdes del parque y siete hidrantes contra incendio.(En 2008 se instala un tanque elevado de 80.000 litros)
Tiene comodidades para 40.000 espectadores  sentados en tribunas cuyos módulos son de 200 metros, palcos con cuatro hileras de sillas, además de la zona VIP.  En 2006 se remodeló la zona VIP y en 2008 se inauguraron para este sector nuevos cuerpos de baños. En 2009 se agrega un nuevo Sector Vip; está ubicado en el la vieja casa de la estación, frente al Vip más antiguo. Están previstas nuevas ampliaciones de las tribunas.
En 2010 se inaugura una tribuna de cemento sobre el lado norte y nuevo sector de boletarías.
El conjunto se completa con el edificio central (antigua estación del ferrocarril) que consta  de: Sala de  Recepción y Protocolo, Sector de Prensa y Centro Operativo.-
El corsódromo, ha venido a resultar la más reciente de las circunstancias que concurren para que nuestro carnaval haya alcanzado la dimensión actual. Concebido especialmente para ese uso, fue la solución para todos los problemas antedichos. Fue como .liberarlas de un pesado corset que les impedía crecer. Entonces tuvimos no sólo escuadras más amplias y visibles, sino ese salto en el tamaño de las carrozas, que se ha constituido en un rubro inalcanzable para cualquier otro carnaval de nuestro país.
LOS TIEMPOS CAMBIAN
Quedaron atrás aquellos corsos señoriales de palcos y ramitos que vieron nuestros abuelos. También, los más recientes de caña y papel, a los que sus herederos no quieren enterrar del todo. Y ya vamos peinando canas, los que presenciamos el estallido de 1981.
El tiempo con sus cambios, ha convertido a aquel festejo lugareño casi familiar, en un acontecimiento trascendente en términos artísticos y económicos.
Pero en compensación por lo que se fue, vino de la mano del nuevo carnaval, una bienhechora fuente de recursos, que da empleo y sustento a miles de hogares gualeguaychuenses, sobre todo en épocas de crisis.
Porque no solamente quienes trabajan en comparsas, reciben el beneficio. Hay un efecto multiplicador, que se irradia a toda la comunidad.
En las últimas temporadas han ingresado a Gualeguaychú por vía del turismo, cifras que rondan los 30 millones de pesos. Sólo un 15 %, ingresa al circuito del carnaval. El resto, es decir la mayor parte, alimenta al comercio y los servicios, redistribuyéndose por toda la ciudad.
Y lo que es más importante: el nombre de Gualeguaychú brilla con luz propia en el escenario nacional.
Los tiempos cambiaron y el desborde  de exuberante belleza y colorido, sepultó en el pasado aquellas estampas románticas y pintorescas.
Para que no queden en el olvido definitivo, para que se recuerde a esos heroicos copoblanos que animaron los viejos corsos de la 25, como también a los que luego posibilitaron el gran salto del 81, y para que otros autores mejoren esta tarea, se ha hecho este libro.
Ojalá cumpla ambas misiones.”

 

 

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